Cartas y pensamientos de Javier Palau Añó, sobre la vida aquí y ahora, más allá y para siempre.
martes, 22 de enero de 2013
BENDITOS ABUELOS
Con bastante frecuencia suelo llevar y traer a algunos de mis nietos al colegio. Y compruebo con satisfacción que son multitud los abuelos que hacen lo mismo. Y mientras esperamos a que se abran las puertas, aunque ya sé muy bien la respuesta, me encanta preguntar, sobre todo a los muy conocidos: “Oye, ¿tú te acuerdas si a ti, tu abuelo, te venía a buscar al colegio todos los días?”. La respuesta de los preguntados, sea el que sea, siempre es la misma: “¿A mí?, ¡nunca en la vida!”.
Es fácil de entender. Aparte de que hace unas décadas la vida de las personas era algo más corta, hay otra razón fundamental: Ahora los abuelos cobramos pensión; y antes, sin pensión alguna, quieras que no, salvo la enfermedad, te tocaba trabajar hasta el día antes de irte de este mundo. Todo por culpa de la dichosa costumbre de comer todos los días. Y más de una vez. Y hoy día, si la salud acompaña, es una satisfacción y un placer echar una mano. Aparte que nos hace sentirnos útiles.
Con todo, no debemos olvidar que a los hijos los educan los padres, no los abuelos. Hay un pasaje en la Sagrada Escritura que lo aclara sin dejar duda ninguna: “Hijos, obedeced a vuestros padres; padres, no exasperéis a vuestros hijos”. De abuelos y nietos no dice nada de nada. ¿Acaso los abuelos no han de dar algún consejo a los nietos, si se tercia? Claro que sí. Los que hagan falta, pero sin pasarse. Sobre todo uno: El mejor consejo es darles buen ejemplo.
En resumen, ¿deberes de los abuelos con los nietos? Ninguno. Cuanto hagan es voluntario y gratuito; los deberes son todos de los padres. ¿Derechos de los abuelos con los nietos? Ninguno. Bueno, sí, uno. ¿Cuál? El derecho a malcriarlos. Siempre ha sido así, y los abuelos de hoy día no íbamos a privarnos de tan agradable y simpático quehacer.
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