martes, 22 de enero de 2013

¿TIENE ARREGLO EL MUNDO?


   Si usted va preguntando a la gente si el mundo tiene arreglo, esté bien seguro  que, uno a uno, le contestarán que no. Y, sin embargo, sí lo tiene, sólo que nos empeñamos en arreglarlo por camino equivocado. Dios creó el mundo y lo creó perfecto. El fallo estuvo, si acaso, en hacer al hombre libre. Solo que en Dios, sabiduría infinita, no cabe imprevisión ninguna; luego, él sabrá. Pero el primer hombre, Adán, ya le desobedeció.  Mal empezamos. Y de ahí arrastramos el pecado original. Y es que toda desobediencia a Dios, ser infinito, conlleva una carga de culpa infinita que, ningún humano, ni tan siquiera todos juntos pidiendo perdón a la vez, conseguiríamos contrarrestar. ¿No hay solución, por tanto?
 
   Sí la hay, y sólo podía provenir del mismo Dios. Como Dios son tres personas, Padre, Hijo y Espíritu, acordaron que una de ellas, la segunda, el Hijo, viniera a este mundo y se hiciera hombre, como nosotros; y naciera de una virgen, sin dejar de ser de Dios. Grandioso. Y pagara con su sacrificio de valor infinito por todas nuestras faltas. ¿Todo resuelto? Sí y no. La única condición es, como somos libres, que cada uno acepte que esa remisión que nos ganó el Hijo de Dios, se nos aplique. ¿Cómo? Arrepentidos de nuestras culpas, pedirle perdón las veces que haga falta. ¿Hasta setenta veces siete? O más. ¿Y si uno no quiere pedir perdón? Si tal es, ni Dios le puede perdonar. ¿Volvemos al callejón sin salida? No, porque sí hay salida. Cierto que, por mucho que insistamos, nuestro empeño contra su obstinación, si el impenitente no quiere, empate a cero. Pero Dios lo puede todo, y si le pedimos con insistencia que lo ilumine, lo hará. El prometió que todo lo que le pidamos nos lo concedería, siempre que fuera para bien. Y no hay duda que la salvación de un alma es el mayor bien imaginable. Lo que no aclaró es si nos lo concedería a la vez primera, a la segunda, o a la milésima.
 
   Con todo, tengo para mí que en esto de pedir a Dios por éste o aquél, dale que dale, hay algo de trampa, algún truco. Sin duda a muchos, pidiendo y pidiendo, vez y vez, como mientras pides estás muy cerca de aquel a quien pides, en este caso muy cerca de Dios; y como en el entretanto el tiempo, tan limitado para los humanos va pasando, a la que se dan cuenta les ha llegado su hora y  de pronto se encuentran en el cielo. Y al poco llega también aquel por el que pedían. Carambola. Negocio redondo. Y adviertes que si pides para bien, Dios te atiende seguro; pero si tarda, es para mejor. Porque busca cazar dos pájaros de un tiro. Se las sabe todas.
 
   (Un aparte: Aunque a mí lo que de veras me angustia es qué pasará con el mundo cuando de él falten las personas que ocupan todas sus horas, del día y de la noche, en intentar arreglarlo).

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